sábado, 28 de marzo de 2015

Cuando mi cuerpo grita y yo, no lo oigo


CUANDO MI CUERPO GRITA Y  YO, NO LO OIGO
 


Cuando el cuerpo enferma, la mirada se dirige únicamente al sitio del dolor o del defecto; mientras más “grave” sea aquello que nos aqueja, más nos ponemos en manos de otro,  ya que creemos que es la única forma de repararnos…
                                                                                                                                                        

¿Quién no  ha caído enfermo alguna vez?


 Sabemos que la enfermedad es una señal de que algo estamos haciendo mal, sin embargo nuestra atención se centra  en nuestro lado menos sutil, se concentra en lo más superficial, en  nuestro cuerpo físico. 

Sólo en algunas enfermedades llamadas psicosomáticas hacemos el intento por ver que hay más allá de la enfermedad, qué problema emocional la provoca. Vivimos en una realidad donde se hacen  diferencias entre enfermedades físicas y psicosomáticas (que tiene origen en la mente y se manifiesta en lo físico: asma, taquicardia, etc.). Ahora sabemos que las emociones profundas no resueltas pueden trastornar la mente. Absorben energía hacia otras partes que aparentemente escapan a su control o se manifiestan como enfermedades en el cuerpo.

 En la actualidad, diversos tratamientos para combatir la enfermedad de manera holística obtienen resultados sorprendentes (curación cuántica a través de la medicina ayurverda, el uso de la psicoterapia gestalt en los órganos a través del darse cuenta y el autoconocimiento); dando por sentado que el ser humano  no es solo un cuerpo físico, sino también mental, y que solo experimentaremos la sanación cuando  incluyamos  el cambio positivo en ambos niveles: el físico y el psíquico.

El cuerpo y la mente tienen poderosos instintos de supervivencia, que a veces se imponen. Las fobias por ejemplo son comportamientos defensivos o  una negación; el problema de la fobia desvía la atención del daño no reparado y se consume energía en mantener la negación o el rechazo, en lugar de destinarlo a crear bienestar, por supuesto todo esto ocurre a nivel inconsciente.
La resolución del dolor libera la energía empleada en negarlo o evitarlo, o que se manifiesta mediante los síntomas de la enfermedad. Tómese el tiempo necesario para resolver sus dolores emocionales:
Es un proceso en el que debe avanzarse por pequeños pasos, y algunos que parecen ir hacia atrás, hasta que llega el momento de experimentar el cambio interior. Este cambio llega a través de la comprensión, la aceptación y la liberación.
El contacto con su sabiduría interior es de gran ayuda para resolver las heridas emocionales más profundas  y enfermedades físicas. Observe su mente y su cuerpo al investigar lo que siente. Y pregúntese por qué lo siente. Deje que crezca este contacto y que le abra el camino. El suyo, hacia la comprensión. Ábrase a esta guía interior, que está dispuesta siempre a revelarle oportunidades que usted necesita realmente. Es preciso estar alerta para verlas y luego es importante actuar sobre ellas.
Preste atención a su cuerpo, porque cuando se enferma es para que sane su alma.

Ps. Cartulin Castro Carolina.